martes, 17 de enero de 2012

Ritual para la limpieza del Aura



Cuando la luna se encuentra en fase menguante, es el momento idóneo para purificarse y alejar lo que no se desea, lo que molesta o estorba, cualquier mal energético que interfiera en la vida.
El Aura se impregna de vibraciones negativas que a lo largo de los días nos rodean, hay que librarse de ellas.

Primero es importante lavarse, una ducha de limpieza física y rezar al agua para que se lleve la suciedad.
Desnuda es lo más mágica que puedo sentirme para realizar hechizos, para trabajar con el mundo mágico y misterioso, donde me siento como una poderosa sacerdotisa invocando el poder divino que hay en mi.
Mi altar es un reflejo de mi creatividad e imaginación, mis gustos y las cosas que hay en él son objetos maravillosos y significativos y delante de ellos realizo mi tarea de bruja.

Desnuda, delante de mi altar, enciendo una vela blanca y con la llama de la vela prendo el incienso, elijo pino, romeo o lavanda.
Respiro profundamente y despejo mi mente, entonces me convierto en la diosa que soy y que nadie puede negarme.
Tomo el incienso y dejo que el humo fragante acaricie cada rincón de mi cuerpo, que roce mi piel, que perfume el aire que me rodea.

El incienso es un buen limpiador y penetra en el Aura de una forma que va más allá de lo tangible. Ver ese humo rozar la piel es algo que me transporta al mundo de las hadas, porque todo lo que hago con o para la magia es abrir una puerta a esa otra dimensión, tan fantástica como real, tan propia como extraña.

Centro mis pensamientos en la limpieza, en la diosa poderosa y en el amor con que hago las cosas.
Después, tomo una pluma grande y suave y rozo todo mi cuerpo con ella, desde la coronilla hasta las plantas de los pies. Es una sensación muy sensual y graciosa.

Cierro los ojos y pienso que estoy en otro momento de la vida de la Humanidad, donde lo femenino es la base de la creatividad y la maravilla expuesta sin tapujos ni prejuicios.
Cuando finalizo el ritual, doy las gracias a los poderes que me han servido y me han limpiado, doy las gracias a la diosa por hacerme sentir tan bien, haciendo algo que me complace verdaderamente y me retiro del altar con respeto.

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