jueves, 12 de marzo de 2009

El origen celta de las brujas


Ya nadie niega que las brujas hayan sido, a lo largo de la historia, víctimas de la ignorancia y de la superstición.

Vinculadas al imaginario pagano, han sido, en ocasiones, interpretadas como encarnación del mal, tejedoras de tramas ocultas o siervas del demonio, y como tales perseguidas.

Sin embargo, la antropología ha arrojado luz sobre los hechos de que la brujería no es otra cosa que una de las numerosas formas de persistencia de cultos precristianos, y particularmente de creencias celtas.

Si observamos a las brujas, veremos que poseen todos los elementos de la sabiduría típica, por ejemplo, de los druidas. Se las acusa de desencadenar tempestades y de invocar a la furia de los elementos naturales, de comunicarse con divinidades ocultas y de fabricar filtros prodigiosos (capaces de curar o de matar).

De naturaleza misteriosa, las denominadas “Vírgenes negras”, cuyo culto se difundió en la Europa cristiana ocupada por los celtas, pueden ser vinculadas con el aspecto “femenino” (lunar) y sus imágenes se situaban en cuevas subterráneas, cerca de manantiales o de pequeñas superficies de agua.

Estás “Vírgenes negras” eran una representación de la Madre Tierra, protectora y creadora, su culto estaba relacionado con la fertilidad y las cosechas, la buena salud del ganado y los niños recién nacidos. Druidas y sacerdotisas eran los mediadores entre las peticiones de aquellos que necesitaban de su ayuda y la deidad, eran los encargados de preparar los rituales y de hacer llegar los consejos de la Diosa.

Estas creencias estaban muy arraigadas en el pueblo, de tal forma que el cristianismo no pudo eliminarlas, pero sí transformarlas. Con la llegada del cristianismo y posteriormente, la difusión de sus creencias monoteístas patriarcales, las “Vírgenes negras” asumieron las connotaciones de la Virgen María y se la situó en criptas, pero siempre acompañadas por un niño en su regazo en representación del dios, los mediadores entre el pueblo y la Virgen pasó a ser la Iglesia, quien controlaba todo aquello que les parecía bueno o malo.

Cualquier otra persona, ya fuera hombre o mujer, que siguiera rindiendo culto a la Madre Tierra como benefactora, era tachada de practicar cultos demoníacos y ser un siervo del maligno. En la Edad Media, las mujeres depositarias de la antigua sabiduría, sanadoras y curanderas, que aliviaban las penas morales y físicas del pueblo, fueron vista bajo un prisma injusto y consideradas brujas maléficas, mujeres pérfidas y malvadas, cómplices, súcubos y amantes de Satán, capaces de cualquier infamia o delito.

Al tratarse de mujeres con cierto grado de sabiduría y conocimientos que las hacía poderosas e influyentes en la sociedad medieval de Occidente, la Iglesia las considera una amenaza inquietante y temible, y adopta una actitud intolerante y extrema, decretando la persecución y la represión.Así comienza la caza de brujas a la que hombres, mujeres, e incluso, niños se ven sometidos, por los ideales ortodoxos y misóginos de los hombres de la “verdadera fe”.

7 comentarios:

Lilith, la Eternamente Libre... dijo...
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Lara dijo...
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Raziel dijo...
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Maria Liberona dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Rosana Rojas dijo...
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