martes, 30 de octubre de 2007

Preparando el altar para los difuntos


Pronto estará aquí la celebración de los difuntos, el día de todos los muertos vuelve a nosotros una vez más.
La Rueda del Tiempo gira sin parar y repite estaciones, fiestas y rituales. Es necesario realizar rituales en conmemoración de los que partieron al Más Allá, se lo debemos porque están en nuestra memoria, en nuestro pasado, formaron parte de nuestra existencia y caminaron junto a nosotros por un tiempo, después sintieron la necesidad de partir y se marcharon, como tantas cosas que deben alejarse, igual que nosotros nos alejamos para seguir una senda que sólo nosotros podemos ver y pisar.
Durante el tiempo que aquellos difuntos conocidos nos hicieron compañía, de ellos aprendimos y a ellos enseñamos, es ahora cuando debemos agradecer cuanto aprendimos y dar las gracias por dejarnos ser maestros.
La magia de la noche del 31 de octubre es especial, no por ser una fecha en el calendario, sino un lugar en la dimensión del espacio y el tiempo, muchas culturas eligieron este momento para comunicarse con los que viven en el Más Allá, para potenciar sus hechizos y encantamientos. Para realizar sus obras mágicas llaman a los “otros”, buscando conocimiento, aclaración o poder.
Nada debe asustarnos, el miedo no sirve para nada excepto para crear barreras imposibles de superar, esa noche de magia y solemnidad debemos estar preparados para un encuentro, una señal, un misterio.
Si hacemos un llamamiento, ellos acudirán, por lo que debemos tener cuidado, llamar por su nombre a quienes deseamos encontrarnos, el nombre de las personas y de los seres del Otro Mundo deben ser pronunciados correctamente; no hay que dudar, por lo que nuestra mente debe estar en calma y con serenidad, la invocación debe ser clara y las ideas precisas, saber lo que queremos decirles de manera que puedan entenderlo y comprender su respuesta.
Pero, si lo que deseamos es simplemente recordar su memoria, celebremos con comida y vino la existencia anterior de los difuntos, dejemos en la mesa un espacio sin ocupar, con un planto lleno de comida y una copa con vino, dejemos en la ventana una vela encendida para que encuentren el camino y recibamos su visita con amor. Más tarde despidámonos de ellos deseándoles amor.
Pronto nos volveremos a ver, allá en esa otra existencia.

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